Albariño, distintas caras de una uva 10

Albariño, distintas caras de una uva 10

Si cuando escuchas la palabra albariño la asocias únicamente a blanco joven afrutado, ¡deberías actualizarte! Hoy día el mundo albariño acoge diversos estilos y fórmulas de elaboración: sin crianza, madurados en botella, madurados en depósito, fermentados en barricas, con crianza en roble y hasta blancos de vendimia tardía. Nadie duda ya de que este varietal forma una buena alianza con el tiempo, y los albariños de guarda seducen a crítica y aficionados.

Antes de profundizar en su versatilidad, aclaremos que se trata de una de las mejores blancas del mundo (en España, sólo la verdejo se acerca a su prestigio internacional). La autóctona albariño es la estrella del viñedo gallego, y la D.O. Rías Baixas es su feudo por excelencia, una denominación puntera que debe a esta uva su prestigio internacional y sus éxitos comerciales, y que en los últimos años ha estado  sumergida en la búsqueda de nuevos caminos. Ahora, como afirmaba Paula Fernández, enóloga de Pazos de Lusco, “a Rías Baixas le toca demostrar lo que se puede hacer con la albariño y trascender la imagen asociada a vinos jóvenes, porque tiene muchas más posibilidades”.

Los albariños sin crianza son vinos frescos y afrutados que ofrecen en cata notas de manzana Golden, cítricos, heno… Lo que diferencia a estos blancos de otros es que tienen una evolución fantástica, crecen en botella y mejoran sus atributos en su segundo año. Es decir, cuando otros blancos jóvenes ya estarían en declive, un albariño de 2011 se encuentra ahora en un momento óptimo de consumo.

Entrando en el capítulo de albariños de guarda, encontramos los que tienen crianza en depósitos de acero inoxidable, un sistema de elaboración que consisten en envejecer el vino en tanque con las de la . Así se consiguen vinos amplios, con más volumen y una mayor variedad de matices (incluyendo toques de queroseno, notas tostadas, notas lácticas, de panadería, etc.). Un pionero y un icono entre los albariños con crianza en inox es Pazo Señorans Selección de Añada, de la bodega de Marisol Bueno, anterior presidenta de la D.O. Rías Baixas. Este blanco -con crianza en depósitos de 34 a 37 meses- es uno de los mejores vinos del país. La enóloga de Pazo de Señorans, Ana I. Quintela, recordaba en Enofusión que “elaborar un vino así fue un riesgo, un camino nuevo que había que explotar”. “Al principio, el consumidor no entendía el concepto, pensaba que el vino tenía madera y la buscaba en cata”. Y añade: “Es impresionante lo bien que envejece el albariño. Se consiguen vinos con aromas muy limpios, mucha longitud y marcada acidez”. Otra de las firmas pioneras en la vinificación de la albariño con sus finas lías fue Pazos de Lusco, también presente en la cata de Enofusión con su excelente Lusco.

Expresando una faceta única y distinta de la albariño destaca el blanco de vendimia tardía Gallaecia (Bodegas Martín Códax). La enóloga Katia Álvarez explicaba que para elaborarlo dejan los racimos en la cepa un mes y medio más, de este modo consiguen uvas sobremaduras que desarrollan botritis noble, y se transforman en un vino goloso con notas de fruta pasificada, de miel y mermelada de naranja.

¿Y qué pasa con la albariño y el roble? Aquí encontramos dos líneas de trabajo: vinos fermentados en roble y/o criados en roble. Las tres enólogas mencionadas, presentes en la cata de Enofusión, coincidieron en que la madera debe jugar un papel secundario, potenciar las características de la uva sin enmascarar los aromas primarios, “queremos ver albariño, no madera”. Por ello apuestan por el uso de barricas grandes, con capacidad de 500 l o más. Hasta la fecha, se mostraron más satisfechas con los resultados conseguidos en los albariños fermentados en barrica. Un perfil de vino con un gran equilibrio madera-varietal, en el que el roble aporta más extracto en boca y más potencia, pero sin sobresalir y respetando la elegancia de la uva.

Conclusión: hablando de albariños nos espera un espectáculo de calidad con diversidad de posibilidades.

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