Cómo interpretar la información de la etiqueta

Cómo interpretar la información de la etiqueta

La nos informa sobre las características del vino que tenemos delante, una parte de esta es obligatoria y otra voluntaria. Entre los datos básicos que encontramos está la marca, la bodega o elaborador, el lugar de producción, la categoría a la que pertenece (Vino de Mesa, una Denominación d Origen concreta…), el grado alcohólico, la añada… Vamos a detenernos en varios de estos puntos.

-Categoría o clasificación.

Se distingue el vino de mesa de los de calidad. Los de calidad pueden estar acogidos a una Denominación de Origen Protegida (Denominación de Origen, Denominación de Origen Calificada, Vino de Pago…) o a una Indicación Geográfica Protegida (Vino de la Tierra).

Aunque hay indicaciones geográficas más prestigiosas que otras, hoy día se elaboran vinos de alto nivel en todos los puntos de nuestra geografía, con o sin denominación de origen, así que abre tus sentidos y experimenta.

-Añada o cosecha.

El año que figura en la etiqueta es el año de la vendimia de las uvas. ¿La añada (año de la cosecha) es un dato relevante? Lo es. Cada cosecha es única y una misma marca de vino puede cambiar considerablemente de un año a otro en función de las características de la cosecha. Por eso, es importante que lo tengas en cuenta cuando cates un vino y te parezca muy distinto al que recordabas de otros años.

Cada año, la vid se ve sometida a condiciones climáticas diferentes en cada punto de su ciclo. Y esto provocará que la cosecha sea Regular, Buena, Muy Buena o Excelente. La calificación oficial de la cosecha la emite el Consejo Regulador que gobierna cada denominación de origen (por ejemplo, la cosecha 2011 en Rioja fue calificada como Excelente, mientras que la 2012 fue Muy Buena). Y es que el clima tiene una importancia vital en el desarrollo de la vid y en las características de los vinos (color, aroma y sabor).

Por otro lado, es importante tener en cuenta que el vino tiene una vida y acaba muriendo, por eso hay que fijarse en el año de la cosecha. Los vinos jóvenes (sin crianza) salen pronto de la bodega: ya encontramos en el mercado los vinos jóvenes de la última cosecha, la de 2015; sin embargo, los vinos con crianza (en barricas y/o botella) pueden pasar años de elaboración en bodega antes de salir al mercado.

Si tomas un vino joven (blanco, tinto o rosado), lo normal es que sea de la última añada (2015) o la anterior (2014), ya que los vinos jóvenes son vinos de periodo de consumo corto, no aptos para guardar largos periodos. Pero hay excepciones: hay uvas que aguantan más en su elaboración de vino joven, como la albariño. Los albariños están llamados a tener un ciclo de vida más largo gracias a su extraordinaria acidez y en su segundo año compensan la natural pérdida de frescura con un notable aumento de la complejidad. Para muchos catadores, los grandes albariños son los que se mantienen al pie del cañón al llegar al tercer año.

Evidentemente, los vinos con categoría de crianza (Crianza, Reserva y Gran Reserva) tienen una vida más larga; por ejemplo, podemos descorchar ahora un gran reserva de la cosecha 2003 y encontrarlo estupendo.

-Categoría de crianza.

La clasificación tradicional de Crianza, Reserva y Gran Reserva indica sólo el periodo mínimo de crianza de un vino. El Consejo Regulador de cada Denominación de Origen establece estos periodos, así que éstos no tienen por qué ser iguales. Si generalizamos, los crianzas suelen tener 6 meses de madera y hasta dos años de botella; los reservas un año de madera y hasta tres de botella; y los grandes reservas un mínimo de dos en madera y hasta cinco en botella. Ya hemos dicho que estos vinos tienen una vida más larga.

Otro tema importante es tener claro que no todos los vinos que tienen crianza lucen en la etiqueta la categoría de Crianza, Reserva o Gran Reserva: hay muchos vinos con crianzas equivalentes que optan por salir como “genéricos” para no encorsetarse en los parámetros que marca la reglamentación del Consejo Regulador. Por ejemplo, Sela 2012 (D.O.Ca. Rioja), tiene 12 meses de crianza en barricas y sale etiquetado como genérico. En estos casos, los responsables de la bodega deciden qué crianza hay que dar a cada vino según sus necesidades, al margen de lo estipulado por la reglamentación; son vinos sin corsés.

-Grado alcohólico.

Obligatorio en todas las bebidas con alcohol. Suele estar expresado en grados o en porcentajes. El tipo de alcohol que se encuentra en los vinos es el etílico o etanol. La etiqueta nos informa sobre el grado alcohólico del vino, por ejemplo, si en la etiqueta figura que el vino tiene 13º, significa que un 13% de su volumen es alcohol. El alcohol se produce de forma natural durante el proceso de fermentación de la uva. Durante este proceso, la acción de las levaduras transforma los azúcares del mosto en alcohol; por eso el nivel de alcohol está relacionado con el nivel de azúcar que tenga la uva. Así, los vinos de zonas frías, donde las uvas maduran poco, suelen tener menor graduación alcohólica. Tened en cuenta que existen algunos tipos de vinos, como los vinos de Jerez, que tienen una graduación alcohólica más elevada porque (además del alcohol derivado de la fermentación) se les añade alcohol de vino; una práctica llamada ‘encabezado’. Cada denominación de origen estipula la graduación alcohólica máxima y mínima que deben tener sus vinos.

-“Contiene sulfitos”.

Esta frase figura en la mayoría de las botellas de vino. ¿Qué quiere decir que el vino contiene sulfitos? ¿Es bueno o malo? Los sulfitos son dióxido de azufre (SO2), uno de los aditivos más usados en la enología y en gran parte de la industria alimentaria. Cumplen la función de conservante: gracias a sus propiedades antioxidantes, los sulfitos previenen la prematura oxidación del vino; además, tienen propiedades antibacterianas.

Las bodegas están obligadas a informar en su etiqueta de que el vino contiene sulfitos.  La cantidad de sulfitos que un vino puede contener está regulada en todo el mundo y su consumo es inocuo, salvo para las personas alérgicas a este aditivo.

-La contraetiqueta.

Generalmente las etiquetas se complementan con textos explicativos que figuran en la llamada contraetiqueta. Dichos textos incluyen datos sobre la elaboración del vino, su envejecimiento o crianza, las variedades utilizadas. A veces se incorporan notas de cata y maridajes adecuados.

Compártelo!

    Deja un comentario