Álvaro Palacios: la estrella del vino español

Álvaro Palacios: la estrella del vino español

¿Has oído hablar del vino L’Ermita? Este tinto apareció en 1993 y puso en el punto de mira internacional una zona hasta entonces dormida: el Priorat; se convirtió nada más nacer en un icono de excelencia y de lujo (fue durante años el vino más caro de España hasta ser desbancado por Dominio de Pingus). Su creador, Álvaro Palacios, es la estrella más rutilante del vino español, con enorme prestigio en el escenario internacional gracias a su trabajo en el Priorat y Bierzo. Un vinicultor con una filosofía muy personal y obsesionado con el concepto de ‘terroir’. Sus proyectos son él mismo, sin grandes grupos ni equipos detrás.

“Nací en 1964 en la casa de la bodega familiar de Alfaro. Desde entonces me han acompañado los aromas del campo, la bodega misteriosa y el vino tradicional”, explica él mismo. Álvaro Palacios es descendiente de viticultores y elaboradores riojanos (Bodegas Palacios Remondo). “Mi padre me dio la oportunidad de disfrutar de una preparación internacional. En Francia, en la Universidad de Burdeos y trabajando en los viñedos de la margen derecha del Garona, desarrollé la sensibilidad para apreciar el vino más allá de lo Tangible”. Además de Dirección de Marketing, estudió Enología en la universidad de Talance, en Burdeos, y en esta región francesa comenzó realizando prácticas de viticultura, vinificación y crianza durante un año en Ets. Jean-Pierre Moeuix; y después, en California, en Stag’s Leap Winery (Napa Valley).

De vuelta a España, en 1989 Álvaro fue uno de los pioneros en resucitar el área histórica de los vinos del Priorat, creando la bodega Álvaro Palacios, S.L., y alcanzando reconocimiento mundial con sus vinos; L’Ermita, Finca Dofí y Les Terrasses. Pero, ¿por qué eligió instalarse en el Priorat? Recordemos que en los ochenta el Priorat era una zona prácticamente abandonada: muchos temían que los viticultores aquí no tuvieran relevo generacional.

La huella del periplo bordelés y aterrizaje en el Priorat

Su estancia en Burdeos despertó en él la admiración por el mantenimiento por parte de los franceses de la tradición de sus grandes zonas vinícolas. Álvaro lo cuenta así: “Aprendí a leer en el vino la historia, el suelo y la luz del campo, y entendí que todos los grandes viñedos del Viejo Mundo tienen sus raíces en el sedimento cultural romano y más tarde ganan entidad con el impulso de las órdenes monásticas de la Edad Media. Con estas bases y el trabajo secular de los hombres, se encumbraron grandes vinos, sublimes en su sencilla belleza y en su gran sentido. Por entonces comprendí también que España se había enfrentado a diversas vicisitudes históricas que derivaron en un alejamiento respecto a los mercados más sofisticados de Europa. En contraste, los franceses mantuvieron la tradición de sus grandes zonas vinícolas, marcadas, en lo natural, por las virtudes geoclimáticas. Ahí se forjó la complejidad de la Borgoña, de Pomerol y Saint Emilion, de la Champaña. Cada región con su multitud de pequeñas viñas, donde se pudo seleccionar, separar, clasificar y embotellar los vinos como un producto muy exclusivo y de por vida”.

Con todo lo aprendido, regresó a España, convencido del potencial de nuestro país para crear vinos de excepcional calidad: “Poco a poco creció en mí la añoranza por mi tierra. Y fue ganando cuerpo la constatación de que aquí también poseíamos los mismos ingredientes, con mayor intensidad incluso: una larga cultura vitícola, la influencia monástica, la tradición secular y una luminosa naturaleza. En estas coordenadas sitúo el gran objetivo de mi vida: buscar viñedos en lugares con origen religioso y con viejas viñas. Una o varias parcelas con algo especial que pueda transformarse en un vino de identidad sobrecogedora, de hondos misterios y encantos casi mágicos. En definitiva, la categoría de un gran vino clásico”.

El Priorat se reveló como el lugar idóneo para crear su gran vino. Compaginó sus primeros movimientos en el Priorat con su trabajo como vendedor de barricas, labor que le permitió conocer en detalle los rincones de esta región de paisaje tortuoso y las inquietudes de sus elaboradores. Y quedó seducido por los viñedos que durante siglos se habían desarrollado entorno al monasterio de Scala Dei, en los que se mantuvieron las formas de cultivo inalteradas: viñas en escarpadas colinas donde crecía la uva tradicional garnacha en sabias cepas viejas sobre suelos de llicorella (pizarra).

Junto a Álvaro Palacios, un grupo de “pioneros”, formado por René Barbier, Joseph Lluis Pérez, Daphne Glorian y Carles Pastrana, revolució el Priorat. Cada uno elaboró su vino con sus propias viñas, pero compartían instalaciones y también cierta imagen corporativa con etiquetas similares llamadas “los closes” debido al nombre de sus marcas: Clos Dofí (actualmente Finca Dofí), Clos Mogador, Clos Martinet, Clos Erasmus y Clos de L’obac. Después, sus caminos se separaron, y Álvaro Palacios tocaría el cielo con su vino L’Ermita, fruto de un viñedo de apenas 1,4 hectáreas, con garnacha centenaria sobre suelos pobres de pizarra y laderas escarpadas. El hecho de que elaboradores como Álvaro Palacios comenzaran a apostar por la uva garnacha en el Priorat fue un paso decisivo para que esta uva denostada recuperase el interés del mundo del vino. 

Más allá del Priorato: una filosofía vitícola muy personal

En 1999 Álvaro se embarcó en la producción de grandes vinos en otra región olvidada de España: El Bierzo. Al lado de su sobrino Ricardo Pérez, fundó el proyecto Descendientes de J. Palacios, donde elaboran vinos de extraordinaria calidad con la uva autóctona mencía, como Moncerbal, La Faraona y Las Lamas; tintos aplaudidos por la crítica más influyente, que han situado al Bierzo en el mapa vinícola internacional. Por otro lado, en el año 2000 se hizo cargo de la bodega familiar de La Rioja, reduciendo producción y aumentando la calidad, introduciendo su sello de armonía, intensidad, fuerza sutil y gracia en los nuevos vinos de Palacios Remondo.

Álvaro Palacios ya no necesita demostrar, es un estrella encumbrada con un amplísimo ramillete de premios nacionales e internacionales: elegido “Hombre del Año 2015″ por la influyente publicación británica “Decanter”; Winemakers’ Winemaker otorgado por Institute of Masters of Wine (UK); Wine Legend–L´Ermita, otorgado por la prestigiosa revista alemana Der Feinschmecker… son algunos de los últimos galardones.

Un creador que sigue defendiendo a capa y espada su personal visión de la vinicultura:  “Aunque en España casi llegamos a arrasar ese patrimonio ancestral, todavía poseemos los ingredientes de una trascendencia única. Dejemos la lícita viticultura intensiva moderna para los suelos áridos y sabrosos, bajo un sol que concede a la uva la energía para dar consistencia a un buen vino medio. Para hacer grandes vinos, restauremos el viñedo a partir de parámetros antiguos y tradicionales. Los mismos parámetros que explican por qué, desde hace más de tres o cuatro décadas, España ha conseguido un interés apasionado por sus vinos”, sentencia.

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