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Crianza, Reserva y Gran Reserva ¿Apostar o huir de las categorías clásicas de crianza?

Cada cual tiene su propio baremo de gustos y preferencias a la hora de elegir vinos: unos consumidores demandan vinos con poderosas sensaciones de crianza (muchas y marcadas notas de torrefacción, ahumados, vainilla, etc.), mientras que otros buscan vinos con una crianza más sutil y más matices. No hace mucho, una parte de la prensa internacional criticaba a los vinos españoles por abusar de la madera nueva y uniforme. Afortunadamente, esa etapa ya está superada. Ahora parece que la tendencia, el mercado, ha dado la espalda a los vinos excesivamente “maderizados”, a favor de aquellos que muestran un equilibrio entre los aromas y sabores propios de la uva y los matices aportados por la madera.

Es importante tener en cuenta que las largas crianzas no son sinónimo de exceso de madera; nuestro país está lleno de bodegas que dominan este arte, y pueden apostar por envejecimientos prolongados respetando al tiempo el alma del vino y su carácter frutal. Y es que la crianza no sólo aporta madera, también es microoxigenación, favorece que el vino respire y evolucione. Por otro lado, el roble prolonga el periodo vital de los vinos y garantiza longevidad.

En España, los consejos reguladores de las denominaciones de origen establecen el tiempo que un vino debe envejecer en barrica y en botella para recibir la calificación de Crianza, Reserva o Gran Reserva. Así, esta clasificación nos informa sobre el periodo de envejecimiento, pero éste, sea mayor o menor, no determina necesariamente la calidad del vino. Alejandro López, de Bodegas Bilbaínas, comentaba al respecto: “Estoy de acuerdo con que se mantenga la clasificación tradicional de Crianza, Reserva y Gran Reserva. Hay que respetar estas categorías, pero dentro de un escalonado que tiene que reflejar la calidad del vino (no tanto los tiempos de crianza). Un Gran Reserva debe ser un vino excepcional porque aguanta el paso del tiempo como ningún otro”.

Pero muchas bodegas renuncian a etiquetar con estas categorías clásicas (Crianza, Reserva y Gran Reserva) y comercializan sus vinos como genéricos, aunque igualen o superen los tiempos estipulados por los consejos reguladores.  ¿El motivo? Estas bodegas abogan por usar la barrica en función de las características de cada añada, no en función de una normativa inmutable. En esta línea se pronunciaba José Moro, presidente de Bodegas Emilio Moro “En un vino, el máximo protagonismo debe de venir de la fruta, y hay que trabajarla con respeto. Debemos usar las barricas respetando el carácter de cada añada. No son necesarios 12 meses para un vino Crianza; eso lo deciden los parámetros de cada cosecha, y a través de la cata decidimos la personalidad de los vinos al margen del tiempo de barrica. El vino necesita libertad de expresión, no barreras”.

Otra prestigiosa bodega de Ribera del Duero que comercializa sus vinos como genéricos es Bodegas Hermanos Sastre. Jesús Sastre, creador de vinos en la élite como Pesus  (con una crianza que equivaldría a un gran reserva), afirmaba que “hay países en los que sí vende más el concepto Reserva. Pero en España nos encontramos con un retroceso de los Grandes Reservas porque se asociaban a clasicismo, aunque algunos hablan del repunte de este estilo tras una actualización. Yo simplemente lo hago así: Pesus es Pesus; siempre se ha hecho así. Sale con la madera que creo oportuna, y lo mismo con el tiempo en botella”.

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