¿Cómo afecta el calentamiento global al sector vinícola? Entrevista a Alfonso Rodríguez Torres (I)

Siempre existe una corriente negacionista. Pero la sensatez se impone. El calentamiento global es una realidad y la subida de temperaturas está afectando a los viñedos y, por ende, al sector vinícola. Sobre esta cuestión charlamos con uno de los mayores expertos en nuestro país: Alfonso Rodríguez Torres, biólogo, doctor en Medio Ambiente y miembro de la Oficina del Cambio Climático de Castilla-La Mancha. ¿Serán cada vez más habituales las cosechas dañadas por las inclemencias climatológicas?, ¿desaparecerán zonas históricas de producción vinícola? De todo ello y más nos habla este experto.

Rodríguez Torres fue uno de los ponentes de la  IV Jornada ‘Oportunidades de lucha frente al Cambio Climático en el sector vitivinícola’, organizada el pasado diciembre por la D.O. Uclés. Esta pequeña denominación ha logrado convertirse en la tercera de Castilla-La Mancha en comercialización gracias a las certificaciones obtenidas en sostenibilidad; además, es pionera en nuestro país en la medición de la Huella de Carbono.

VS. El calentamiento global es una realidad ¿Cree que en el mundo del vino ya existe una conciencia colectiva sobre este problema?

Creo que el auténtico problema sería que no hubiera esa conciencia, otra cosa distinta es que sea más o menos acertada porque en materia de comunicación del “cambio climático”, y lo digo entrecomillado, hay mucho que caminar todavía.

Me atrevería a afirmar que el sector del vino está siendo la punta de lanza en la lucha contra el “cambio climático” en el conjunto de la industria agroalimentaria, tanto en su vertiente de mitigación –reducción de emisiones– como de adaptación –saber vivir con el “cambio climático”-. Quizás porque las voces de alarma son cada vez más frecuentes en el sector. Quizás porque los acontecimientos que se suceden, mes a mes, ponen de manifiesto que aquello que los científicos advierten en reiterados informes no son imaginaciones. O quizás porque se ha dado cuenta que hay oportunidades socioeconómicas y de negocio emergentes que se deben aprovechar, que hay que subirse pronto a un tren que ha alcanzado velocidad de crucero y que, por ahora, no tiene previsto parar. Pero lo mismo que digo que es un sector pionero en esta faceta, también afirmo que este tren aún tiene muchas plazas vacías.

Persiste un problema de comunicación. Hace unos meses escuchaba por la radio una tertulia sobre vino en la que hablaron de cambio climático y alguno de los tertulianos venía a poner en duda esta cuestión, incluso arrojando ciertas dudas sobre el origen del fenómeno en referencia a la actividad solar, como si el panel científico mundial no hubiera tenido en cuenta esta cuestión, y otras muchas, en sus investigaciones. No sé si se referían a los ciclos de Bond, fluctuaciones de 1.500 años ocurridas a lo largo del Holoceno, o a los ciclos de Dansgaard-Oeschger de la última glaciación, pero como dice Joan Grimalt, del CSIC, “los que defienden que el cambio climático es un ciclo natural no cuentan con la escala tiempo”; y algo muy importante también: que todos esos ciclos -incluidas las oscilaciones climáticas de los últimos 2.500 años- comenzaron por un enfriamiento, no por un calentamiento. Jhon Englander, oceanógrafo que lleva años trabajando en los polos, opina de la misma forma: los cambios climáticos naturales se producen a lo largo de períodos de cientos de miles de años, pero en nuestro caso se está acelerando, y una vez comenzado el proceso no se sabe cómo frenarlo. Sólo por citar algunos autores.

Y sigo entrecomillando “cambio climático” porque me gusta aclarar que el origen de todo es el calentamiento global causado por un aumento en las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera que está provocando cambios en los patrones del clima. Cuando se habla de cambio climático se hace referencia a cambios significativos del clima que se manifiestan en todos sus componentes: temperatura, precipitaciones, viento, etc., con una duración prolongada en el tiempo. Calentamiento global hace referencia a la subida continua de la temperatura media en todo el planeta y, en sí, no es más que un aspecto del llamado cambio climático. Su relación con la variación de las precipitaciones aún no está lo suficientemente clara porque depende de muchas más variables. Por poner un ejemplo, el fenómeno conocido como El Niño-La Niña, que se desarrolla en el Pacífico, tiene consecuencias en el Atlántico, cuya oscilación decadal influye en el famoso “anticiclón de las Azores” que tiene, a su vez, una influencia mayúscula en nuestros ciclos de lluvia-sequía.

Si es verdad que en algunos lugares del planeta las lluvias o las sequías, en forma de fenómenos extremos, están causando grandes estragos. Aquí también, en Europa y en la península Ibérica, en la cuenca mediterránea, pero aún faltan elementos de juicio para afirmar que se está produciendo una variación real del régimen de precipitaciones, aunque todas las proyecciones conducen a eso y tenemos que ser prudentes a ese respecto. Son elementos de juicio que nos podemos obviar.

En la medida en que sepamos comunicar bien el “cambio climático” conseguiremos que esas plazas vacías de nuestro tren acaben llenándose. Sobre todo porque vivir con el cambio climático implica que no se vea afectada nuestra socioeconomía y porque, aunque estuviéramos ante un nuevo ciclo de Bond, 1.500 años son suficientes como para justificar la toma de medidas.

VS. ¿Cuáles son los principales efectos que el cambio climático tiene sobre los viñedos españoles?

En primer lugar hay que destacar el incremento de las temperaturas nocturnas. Las noches frescas son fundamentales para garantizar una correcta maduración de la uva, por lo que la mayor concurrencia de noches cálidas, con temperaturas superiores a los 20ºC, pueden incidir negativamente en el proceso.

En segundo lugar situaría la gestión del agua de riego. Si vamos a un futuro no muy lejano con reducción en las precipitaciones e incremento de la evapotranspiración y de los períodos de sequía, la disponibilidad de agua será fundamental y, sobre todo, su correcta gestión. Conceptos y técnicas como el riego deficitario van a tener un papel destacado y podríamos sorprendernos al comprobar cómo regando menos, y sólo cuando la vid lo necesita, se pueden mantener o mejorar las cosechas. Es fundamental conocer bien las técnicas de riego, las necesidades de la planta y la composición y manejo del suelo.

En tercer lugar destacaría los eventos extremos, no sólo las sequías sino también las precipitaciones tormentosas, el granizo o las heladas tardías que pueden arruinar cosechas y plantaciones. Por el volumen económico que puede suponer la contratación de seguros, no es una cuestión baladí para el viticultor.

Además de estos tres efectos principales, existen otras consecuencias como la subida de las temperaturas diurnas, golpes de calor, el incremento de la radiación solar, la incidencia de plagas y enfermedades, cambios fenológicos que obligan a modificar calendarios de labores, etc.

Pero no todos los efectos se presentan de manera conjunta ni en todas las comarcas vitivinícolas se producen de igual forma. Cada región tiene sus características microclimáticas, edáficas, topográficas, etc., específicas y en cada una de ellas los efectos pueden ser iguales, parecidos o muy diferentes. Y además, lo mismo que pueden existir efectos negativos también pueden existir efectos positivos.

VS. Cada vez son más importantes los departamentos de I+D en las bodegas para tratar de prevenir los estragos climatológicos. ¿Cuáles son las principales medidas que se están tomando en las bodegas para prevenir los efectos de estas adversidades climatológicas?

Es difícil predecir adversidades climatológicas, cada vez la monitorización meteorológica es más precisa. Pensemos en la desgracia ocurrida este otoño pasado en Baleares, cobrándose vidas humanas. Es difícil afirmar que sea un efecto del cambio climático porque este tipo de fenómenos torrenciales son habituales en la cuenca mediterránea. Lo que sí nos advierte la comunidad científica es que este tipo de fenómenos pueden ser más violentos y frecuentes por el incremento en energía que sufre la atmósfera como consecuencia del calentamiento global.Desde el punto de vista de la adaptación son múltiples las medidas que se están tomando o pueden ponerse en práctica, desde las oportunidades que nos ofrece la agricultura de precisión, con una mayor monitorización meteorológica (cada vez hay más y mejor información disponible), el control del estado fenológico y fisiológico del viñedo para conocer en todo momento los requerimientos hídricos y nutricionales hasta la aplicación de técnicas culturales y de manejo que nos permiten jugar con la topografía y la orientación de las calles, sistemas de autosombreo como los “sprawl”, vasos más altos, manejo de cubiertas vegetales, etc.

Desde el punto de vista de la adaptación son múltiples las medidas que se están tomando o pueden ponerse en práctica, desde las oportunidades que nos ofrece la agricultura de precisión, con una mayor monitorización meteorológica (cada vez hay más y mejor información disponible), el control del estado fenológico y fisiológico del viñedo para conocer en todo momento los requerimientos hídricos y nutricionales hasta la aplicación de técnicas culturales y de manejo que nos permiten jugar con la topografía y la orientación de las calles, sistemas de autosombreo como los “sprawl”, vasos más altos, manejo de cubiertas vegetales, etc.

Muchos de los efectos negativos del cambio climático, como falta de precipitaciones, plagas y enfermedades, exceso de insolación, etc., pueden superarse o minimizarse mediante la tecnología. Sin embargo, seguimos estando indefensos frente a otras manifestaciones meteorológicas. Lluvias torrenciales, vendavales o pedrisco son más difíciles de contrarrestar, pero siempre tendremos la posibilidad de los seguros agrarios que pueden ayudar a paliar en parte situaciones de desastre.

VS. Hay bodegas que se han lanzado a la búsqueda de uvas resistentes a climas más cálidos y otras que están adquiriendo parcelas a mayor altitud buscando climas más fríos que ralenticen la maduración. ¿Le parecen buenas estrategias? ¿O únicamente adaptando los sistemas de cultivo y poda a cada zona y variedad es suficiente para controlar la maduración?

Cualquier estrategia o, mejor dicho, todas las estrategias de adaptación son buenas, y mucho mejor si exploran varias vías, pero también tenemos que tener en cuenta que no todas las estrategias son las adecuadas para todas las regiones vitivinícolas.

La vid responde a unas condiciones climáticas muy concretas en cuanto a temperatura, iluminación y precipitaciones, prosperando bien entre los 11 y 24º C, existiendo variedades que se adaptan bien a temperaturas más bajas y otras a temperaturas más altas. El objetivo de la selección genética es encontrar castas procedentes de zonas cálidas del planeta que den vinos de alta calidad, adaptables a las nuevas condiciones marcadas por el calentamiento global. La mayoría de las castas populares, como merlot, cabernet-sauvignon o chardonnay, se desarrollan mejor en climas un tanto más fríos y, sin embargo, se cultivan en lugares tan extremos como el desierto del Neguev, en Israel, con buenos resultados.

La mejora genética no es el único camino para la adaptación: también cuentan las técnicas culturales y de manejo del viñedo. La orientación del viñedo y de las hileras de viñas así como su separación, los distintos sistemas de poda y el manejo de la masa foliar para aumentar o reducir la exposición y el aireado de los racimos, son elementos clave encaminados a optimizar el efecto de la luz del sol. En un viñedo instalado en ladera, la orientación puede ser también un aliado a la hora de controlar las horas de sol que reciben los racimos.

Jugar con la topografía también puede ser aprovechado. Un viñedo situado en un fondo de valle aprovechará la ventaja de la inversión térmica y la acumulación de aire más fresco durante la noche en esas posiciones, soportando mejor que un viñedo de llanura las condiciones que pueden presentarse con un aumento en la frecuencia de noches cálidas.

La instalación de cubiertas vegetales es una técnica que está siendo empleada y que mejora las condiciones edáficas, pero hay que saber manejarla para que el rendimiento sea óptimo y no sea competidora con el viñedo. En definitiva, existen muchas técnicas de adaptación que pueden aplicarse, y éstos son sólo algunos ejemplos.

Continuará…

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