¿Cómo afecta el calentamiento global al sector vinícola? Entrevista a Alfonso Rodríguez Torres (II)

“España es el país de Europa más vulnerable al cambio climático y aún nos queda mucho por andar, porque en los últimos años hemos retrocedido más que avanzado. Pero somos un país mediterráneo, el vino es un producto mediterráneo, llevamos siglos haciendo vino, tenemos oficio… ¿Quién dijo miedo?” Así concluye la entrevista el experto Alfonso Rodríguez Torres, biólogo, doctor en Medio Ambiente y miembro de la Oficina del Cambio Climático de Castilla-La Mancha. Continuamos con esta interesantísima charla en la que repasamos los principales efectos y los retos a los que se enfrenta el sector vinícola ante el calentamiento global.

VS. ¿Cree que la subida de temperaturas puede suponer la extinción de algunas variedades de uva o acabar con determinados tipos de vino como los famosos vinos de hielo?

El CSIC está trabajando en nuevas técnicas de cultivo para la obtención de variedades de vid más resistentes mediante la mejora genética. Y también trabaja en otras líneas de investigación que permitan que la vitivinicultura se adapte a las nuevas condiciones asociadas al aumento de la concentración de CO2 atmosférico, de la temperatura y de la sequía, que pueden provocar la aparición de nuevos patógenos y plagas. No creo que se produzca pérdida de variedades, sería un grave error permitir que se perdieran recursos genéticos, pero sí es posible que tengamos que enfrentarnos a algunos cambios varietales. De todas formas, los cambios varietales también los induce el mercado por exigencia de los consumidores.

Respecto a los vinos de hielo -o “eiswinen” por su nombre en alemán-, son resultado de una técnica que requiere que la uva sobremadure y el racimo se hiele antes de cosecharlo para concentrar el azúcar y disminuir la proporción de agua. Se utilizan sobre todo variedades como la gewürztraminer, riesling, chardonnay y cabernet, que también se cultivan en la Península Ibérica. Es más, en España también se han ensayado con cierto éxito en algunas zonas como el Penedés, Rueda, Miedes, Ribeiro, Arlanza con uvas verdejo, macabeo, tempranillo y treixadura.

El cambio climático trae un incremento de las temperaturas lo que parece, a priori, incompatible con esta técnica, pero nadie ha dicho que vaya a dejar de hacer frío. Lo estamos viendo este invierno. Lo que sí es probable es que exista un desplazamiento hacia el norte de zonas aptas para el cultivo del viñedo y, por lo tanto, ampliación de las posibilidades de seguir conservando estas técnicas. Otra cosa distinta será que en la Península Ibérica se pueda emplear. No digo que sea imposible ya que puede existir un año excepcional de frío, por incidencia de masas polares o siberianas que pudieran permitirlo.

VS. Hay voces que señalan que el calentamiento global perjudicará mayormente la elaboración de vinos en el sur de España, ¿cree que será así o que el calentamiento global afectará igual al norte que al sur de nuestro país?

Hace unos años, en 2012, la Universidad de Austin, en Texas, elaboró un informe a nivel mundial sobre la evolución futura de las zonas con potencialidad para el cultivo de la vid donde se ponía de manifiesto cómo, en el caso más extremo, podría existir en Europa un desplazamiento hacia el norte de los territorios aptos para el cultivo de la vid en detrimento de las actuales zonas vitivinícolas situadas en el sur. Pero repito, en un escenario extremo sin control de emisiones, concretamente el denominado por el IPCC como RCP 8.5 en el que los incrementos de la temperatura media global podrían superar los 6º C.

Como ya he mencionado, en 2014 Pablo Resco dio a conocer su tesis doctoral sobre viticultura y cambio climático en España, donde analiza la vulnerabilidad de las distintas regiones vitivinícolas españolas, proponiendo medidas de adaptación. Para ello documenta una serie de situaciones en distintos escenarios de concentración de emisiones, que en definitiva son las que determinan los mayores o menores incrementos térmicos a lo largo del presente siglo. Efectivamente, como así lo reflejara dos años antes la Universidad Austin, en el peor de los escenarios, ninguna región vitivinícola de la Península Ibérica estaría a salvo, al menos a una escala grande.

En el escenario actual, el RCP 4.5 que es el que pretende consolidar el Acuerdo de París limitando el incremento térmico a 2ºC, Resco plantea una situación bastante distinta Evidentemente serán necesarios acometer esfuerzos de adaptación, como los que ya se están poniendo en práctica, y serían las regiones más al sur las que deberían o las que deben realizar los mayores esfuerzos; pero esto a una escala grande, sin entrar en consideraciones microclimáticas.

Por poner un ejemplo: el relieve de Andalucía no es el mismo en todo su territorio, desde el nivel del mar hasta las altitudes de Sierra Nevada. Según su posición en altitud y en función del relieve de la zona, no sería lo mismo para los vinos de Jerez, que para los vinos de Montilla o los vinos de las sierras sur de Jaén. En cada territorio hay que tener en cuenta sus peculiaridades. En Castilla-La Mancha, no sería lo mismo para los vinos de Valdepeñas que para los vinos de Uclés, por una cuestión de 150 m de diferencia en altitud, sencillamente. Pero todo esto sin contar con la sabia mano del viticultor, del enólogo y del bodeguero.

VS. Modificar los modos de producción en bodega y el consumo energético también son tareas necesarias. ¿Deberían todas las bodegas plantearse la reducción de emisiones de CO2 (uno de los principales gases de efecto invernadero)?

Por supuesto, es un asunto que yo tengo clarísimo y no sólo por la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también por la oportunidad que ello supone para mejorar las cuentas de una bodega. Reducir emisiones tiene una relación directa con la reducción del consumo energético. El mayor gasto que posee una bodega es precisamente ese, la energía eléctrica que se consume en los procesos de refrigeración. Por lo tanto, reducir emisiones es ahorrar costes, permitiendo una mayor competitividad. Existen múltiples acciones y tecnología disponible para reducir emisiones y mejorar la eficiencia energética en bodega, desde el uso de energías renovables, la arquitectura bioclimática, la geotermia, etc.

Yo recomiendo la certificación de la Huella de Carbono y la adopción de Planes de Reducción. El etiquetado en Huella de Carbono es también una ventaja competitiva en el mercado; no sólo permite obtener beneficios económicos con su reducción, sino también mejorar la imagen de nuestra organización y nuestros productos de cara a los consumidores.

VS. ¿Puede mencionarme algunas bodegas a la vanguardia en la lucha contra este fenómeno?

En España ya hay muchas bodegas inmersas en procesos de adaptación y mitigación. Cada día es más frecuente encontrar bodegas que se certifican en Huella de Carbono y en Sostenibilidad Ambiental en cualquiera de las múltiples ofertas que ofrece el mercado para ello y de entre las que destacaría, por un lado, el sistema de Wineries for Climate Protection de la Federación Española del Vino, que actúa en cuatro pilares fundamentales: reducción de gases de efecto invernadero, reducción de residuos, gestión del agua y de la energía; y, por otro lado, la certificación en Huella de Carbono que ofrece la Oficina Española de Cambio Climático.


Uclés, Penedés, Ribera del Duero, Rueda, Rioja, Jerez… son algunas de las denominaciones de origen donde encontramos bodegas punteras en la lucha contra el cambio climático, como también bodegas que desarrollan su actividad al margen de las denominaciones de origen. Son bodegas que se han dado cuenta de la ventaja que ello supone en un sector cada vez más competitivo. Las podemos encontrar en todas las regiones, prácticamente.

VS. La acción del hombre, con la emisión de gases de efecto invernadero, es directamente responsable del cambio climático. ¿Cree que los seres humanos conseguiremos revertir el calentamiento del planeta? ¿Es usted optimista al respecto?

El cambio climático ha venido para quedarse y puede llevar muchos años conseguir revertir la situación, siglos. Revertir significa disminuir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera y esa posibilidad ya ha sido descartada. No es cuestión de pesimismo u optimismo, es simplemente la aceptación de una realidad que ya el último informe del IPCC de 2014 –AR5- confirmaba y que se puso de manifiesto con la aprobación del Acuerdo de París.

Durante la discusión de este acuerdo se reconoció la imposibilidad de revertir el cambio climático por lo que habría que centrarse en la estabilización, en no sobrepasar unos límites a partir de los cuales los impactos serían irreversibles. Ese límite se sitúa en el entorno de las 450 partes por millón, lo que significaría que el incremento de la temperatura media del planeta no llegara a superar los 2º C. Por eso es importante el Acuerdo de París. Por eso es importante su desarrollo y aplicación y que todos los países lo suscriban y desarrollen.

No tiene sentido que dos organizaciones técnico-científicas punteras a nivel mundial en la observación y estudio del cambio climático sean de Estados Unidos: la NASA y NOAA (agencia estatal de los océanos y atmósfera) y que, por el contrario, el presidente de este país mantenga una actitud tan negativa al respecto; actitud que es seguida, además, por otros países como Brasil y algunos países europeos. Es de locos. Debería existir un consenso generalizado al respecto porque es un asunto que nos afecta absolutamente a todos.

VS. ¿Cómo imagina el mapa del vino mundial dentro de 50 años?

No me lo imagino muy distinto a como lo describió el informe de la Universidad de Austin en 2012, por lo menos en cuanto al incremento de territorios con potencialidad para el cultivo de la vid. Veo a británicos, daneses, holandeses, polacos, e incluso rusos, produciendo vino. Por supuesto que ahí van a seguir estando Sudáfrica, California, Australia, Nueva Zelanda, Chile… Pero también sigo viendo a franceses, italianos, griegos y, por supuesto, españoles. Y además, buen vino. Creo que habrá más oferta y más competencia.

El sector del vino en España es una industria potente que se está poniendo en marcha en materia de adaptación y mitigación frente al cambio climático con un tejido social que abarca desde el pequeño viticultor, las cooperativas, bodegas, comercializadoras, administraciones, etc., que mueve un ingente capital humano, y ese, precisamente, es su principal salvaguarda para afrontar el posible escenario de mayor competencia, apostando por la calidad y demostrando que el vino español es el mejor del mundo.

España es el país de Europa más vulnerable al cambio climático y aún nos queda mucho por andar porque en los últimos años hemos retrocedido más que avanzado. Pero somos un país mediterráneo, el vino es un producto mediterráneo, llevamos siglos haciendo vino, tenemos oficio… ¿Quién dijo miedo?

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