Pioneros en el mundo del vino

Pioneros, benditos visionarios que ven un camino cuando el resto sólo ve bosque. Ellos son quienes abren las sendas, otros las transitan después. En el mundo del vino, como en cualquier actividad creativa, encontramos ejemplos de pioneros en diferentes áreas, nombres imprescindibles como el enólogo francés Emile Peynaud, fundador de la enología moderna; José Peñín, pionero de la crítica enológica en España; o el presidente y fundador de Vinoselección Massimo Galimberti, pionero de la venta a distancia en nuestro país. Centrándonos en bodegas, bodegueros y enólogos, la lista de aquellos que no siguieron el camino tradicional es larga. Vamos a mencionar algunos de ellos.

Jaime Bermúdez, director técnico de Vinoselección, nos da tres nombres clave: “Luciano de Murrieta, fundador de Bodegas Marqués de Murrieta, y Eloy Lecanda, fundador de Vega Sicilia, son los pioneros de Rioja y Ribera del Duero. Alguien más próximo en el tiempo es Manuel Fariña, pionero en la zona de Toro”.  

Bodegas Marqués de Murrieta (1852) fue la bodega pionera en la elaboración de vino de calidad en nuestro país. Su fundador, Luciano de Murrieta, convirtió el vino riojano –por entonces poco apreciado- en un vino noble, inaugurando una nueva época en la vitivinicultura española; además, fue pionero en la comercialización fuera del territorio nacional. De familia vizcaína, Luciano viajó a Francia para aprender las técnicas de elaboración del vino bordelés y aplicarlas después en Rioja. También fue el primero en trasladar a nuestro país el concepto de  ‘château’ francés: adquirió la finca Ygay y mandó construir en ella el emblemático Castillo de Ygay, rodeado de viñas.

Los vinos de Vega Sicilia ya eran objeto de culto décadas antes de que naciera la D.O. Ribera del Duero. La finca donde se encuentra esta mítica bodega se encuentra en Valbuena de Duero (Valladolid) y pertenecía al marqués de Valbuena hasta que la compró Toribio Lecanda, hacendado de origen vasco. Tras heredar esta propiedad de su padre, Eloy Lecanda fundó la bodega Vega Sicilia en 1864. Su carácter audaz le llevó a apostar por la introducción de uvas francesas no cultivadas en nuestro país: compró sarmientos en Burdeos de las variedades cabernet sauvignon, malbec, merlot y pinot noir; cepas foráneas que compartían espacio en la finca con las locales. Años después, ya en el siglo XX, su sucesor Txomin Garramiola creó los primeros grandes vinos de Vega Sicilia aplicando técnicas bordelesas de elaboración.

Otra de las firmas que puede presumir de ser pionera en su tierra es Bodegas Fariña (D.O. Toro), con 77 años de historia y ya en su tercera generación. La D.O. Toro no sería la misma sin el excelente trabajo que ha llevado a cabo a lo largo de los años su firma más emblemática. Fariña es la única bodega que existe desde los orígenes de la denominación y una de las responsables del gran salto de calidad que han dado los vinos de esta zona. Manuel Fariña fue pionero en Toro en aplicar las técnicas de vinificación empleadas en las regiones vinícolas más importantes del mundo, como la elaboración en depósitos de acero inoxidable, el control de la temperatura en la fermentación o la selección de las barricas más adecuadas para la crianza de los vinos. Toda una serie de innovaciones que pusieron las bases de lo que muchos llaman “el gran milagro de Toro”.

Hablando de pioneros, Massimo Galimberti, presidente de Vinoselección, no quiere dejar de nombrar a Miguel A. Torres, gran emprendedor y un verdadero adelantado a su tiempo. El apellido Torres está ligado a la elaboración de vino en el Penedès desde el siglo XVII, aunque la fecha oficial de fundación de la bodega se fija en 1870. Torres fue, junto a Jean Leon, pionero en la plantación de uvas internacionales y creador del primer gran tinto de cabernet sauvignon español: Mas La Plana.

La familia Torres continúa identificándose con innovación. Actualmente desarrolla ‘Torres & Earth’, un programa de actuaciones medioambientales que tiene un doble objetivo: adaptar la actividad de la bodega al cambio climático y reducir la huella de carbono. De 2008 a 2018 ha logrado reducir en más de una cuarta parte sus emisiones de CO2, y pretende reducirlas a la mitad en 2030, para convertirse, algún día, en una bodega de emisiones neutras de carbono.

Por otro lado, la familia Torres ha rescatado del olvido variedades de uva desconocidas que ha bautizado como forcada, pirene, gonfaus, moneu y querol. Desconocidas por tratarse de variedades ancestrales que dejaron de cultivarse después de la devastación causada por la filoxera. De las cerca de 50 variedades recuperadas a día de hoy, Torres se ha focalizado en seis de ellas, las que muestran mayor potencial enológico y con las que experimenta con vistas a elaborar vinos capaces de emocionar.

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