Tapones sintéticos y de rosca: ¿menos ‘glamour’ pero igual efectividad?

El corcho lleva tres siglos ligado al vino como el cierre perfecto en el imaginario colectivo. Sin embargo, en los últimos años han surgido los tapones sintéticos y de rosca. Alternativas que tienen más peso y aceptación en países del llamado Nuevo Mundo (EE.UU., Sudáfrica, Nueva Zelanda, Australia, Argentina, Chile…), donde el uso del corcho cuenta obviamente con menor tradición.
En cambio, en la vieja Europa la expansión de los tapones sintéticos y de rosca ha encontrado diversos obstáculos. El principal: los prejuicios de muchos consumidores, que los asocian a mala calidad; también los hay fieles a las tradiciones que los consideran símbolos de la banalización del vino. Dejemos a un lado prejuicios y manías y centrémonos en los pros y contras de estos nuevos cierres.

Tapones sintéticos
En un primer momento, el sector los acogió con mucho recelo, incluso fueron acusados de dejar aromas y gustos a plástico en el vino. Pero dado que hablamos de un campo en pleno desarrollo, en los últimos años los tapones sintéticos han mejorado enormemente su calidad, hasta convertirse en una herramienta totalmente inocua, que no transmite aromas ni sabores. Así, hoy día podemos encontrar diversos vinos españoles con tapón sintético.

Presentan dos grandes ventajas respecto al corcho:
-La primera es que eliminan el problema de contaminación del corcho por un tricloroanisol (o TCA) que transmite al vino desagradables notas a moho y cartón mojado. A este problema de contaminación del corcho los franceses lo llaman “bouchoné”; en España solemos decir que “el vino tiene corcho” y es motivo más que suficiente para devolver una botella a la tienda o restaurante. Para una bodega es un auténtico quebradero, ya que le es imposible evitar al 100% que los corchos estén afectados por el TCA aunque compre los mejores y más caros del mercado.
-La segunda ventaja es la económica: el corcho es más caro que los tapones sintéticos.

En cuanto a los contras, los tapones sintéticos son menos flexibles que el corcho y por tanto algo más complicados de extraer (aunque sirve cualquier sacacorchos). Pero hay otro asunto más importante: aunque no hay unanimidad, se considera que el corcho deja pasar pequeñas cantidades de oxígeno que favorecen la evolución del vino. Sin embargo, los tapones sintéticos han contraatacado presentando tipos que permiten la transferencia de aire al vino en distintas cantidades ¡a elección del elaborador!

A pesar de estos avances, lo cierto es que si vamos a adquirir un vino con larga crianza, un vino de guarda o de precio elevado, seguiremos encontrando el tradicional cierre de corcho, mientras que el tapón sintético gana terreno en el segmento de los vinos jóvenes o con breve crianza.

De rosca (en inglés, screw cap)
Este tipo de tapón elimina cualquier posibilidad de que entre oxígeno en el vino y se oxide. Como ventajas, al igual que sucede con el tapón sintético, termina con el problema de “bouchoné”. Además la apertura de la botella es más cómoda y rápida (eso sí, no apta para nostálgicos del ritual del descorche).
En España sigue siendo excepcional la utilización del tapón de rosca, y en diversas denominaciones europeas no está autorizado. Para el consumidor español es el tipo de tapón más directamente asociado con vino barato. Sin embargo, su uso está muy extendido en los países del Nuevo Mundo; valga el siguiente dato: en torno al 75% de los vinos neozelandeses se cierran mediante este sistema.

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